viernes, 28 de marzo de 2014

Me Muero

Decididamente mi muerte no va a ser causada por un triple salto mortal de una litera, cosa a la que reconozco le he cogido cierto gusto, no. Me voy a morir de asco. En el National Geographic te enseñan cómo conviven las especies en su propio entorno: nacimiento, reproducción, muerte y todo aquello relacionado con la cadena alimenticia de las narices. Pero... ¿Cómo se desenvuelven en nuestro entorno, en el mío, en el tuyo? Por Dios que alguien me lo explique. ¿Cómo puede ser que apenas llevo diez días en el rancho y he tenido que pelear con uñas y dientes con ratones, serpientes, tortugas, ranas...? Y eso por no volver a tocar el recurrente tema de los insectos, que no se limitan a mayates, catarinas, moscas y mosquitos, este es el dichoso paraíso de los entomólogos!!!
Cuando llegué todo estaba en una terrible calma chicha. La tierra después de meses y meses de sequía, sólo daba como fruto ráfagas de blanco tepetate que se te metían por todos los poros del cuerpo, y que cubrían los enseres domésticos de una blanca pátina de polvo. Pero… ¡Que poco me duró la dicha!
Al día siguiente cacas diminutas volvieron a aparecer por la encimera de la cocina.
Me voy a ca… en todo lo que se menea.
Manos a la obra, ya conocéis el procedimiento a seguir: Javier, tebeos, y mucho veneno.
Al día siguiente ya no había rastros, inspiré tímidamente, temerosa de lo que estaba por venir. Por la tarde, cuando Rosi terminó su jornada y se dispuso a irse, escucho mi nombre.
Rebeca ¿Puedes venir? –Me pregunta desde la terraza.
Nada más verme, no habla, estira su brazo, saca su dedo índice y me señala una masa grisácea y viscosa como de un metro y medio de largo: Chabela. Yo ya sabía de su existencia, hay un enorme agujero debajo de mi casa donde me contaron que vivía. Y no, no es lo mismo saberlo, que verlo. Sé que existen los tigres de bengala y nunca los he visto, pero a la vista de los acontecimientos no tardan en visitarme.
Chabela es una víbora, no una culebra o una serpiente de campo, sino una VÍ–BO–RA. Estuve a un tris de perder el conocimiento.
¡Ay Ale!!! ¡Ay Aleeeeeee! –Me lamentaba por teléfono.
¿Qué pasa ahora chiquitina?
¡Chabela ha salido!
¡Qué bueno chica! Ya no te tienes que preocupar por los ratones.
¿Esa es la solución? ¿De verdad? Qué alivio, o sea, que si veo a la serpiente no tendré ratones, pero a lo mejor me quedo sin hijos. Claro que siempre puedo invitar a los perros a que se orinen en la terraza, porque si están los perros, no sale la serpiente ¡Que divertido! Y yo pagando por vivir emociones fuertes en Isla Mágica ¡Si seré tonta! ¡Sólo tenía que volver a México!
Pero, como estaba contando, llegaron las lluvias, y con ellas… Antes de resolver la duda necesito plantear algunas preguntas: ¿Cuánto tarda el periodo de reproducción de las hormigas? ¿Y de las ranas? ¿Cuántos huevos ponen exactamente todas y cada una de las especies que habitan la naturaleza? Porque más tarde o más temprano me encontraré con todas, lo sé.
Lo dicho, con la llegada de las lluvias, todo lo que estaba acechando en la más absoluta invisibilidad salió a la luz. Lo primero fue que al levantarme y otear en busca de enemigos, me encuentro un prototipo de arácnido desconocido por mí, dentro del fregadero. ¿Qué es esto? –me pregunté– ¿Es un escarabajo de patas largas, una araña sin red, un artrópodo reducido? El desconocimiento me mata.
Ale, ¿Puedes venir a la cocina?
¿Para qué?
Para que me des el nombre y los apellidos de nuestro nuevo visitante.
Llega, escudriña y concluye –Es la madre del alacrán.
¿De qué alacrán? ¿Dónde está su hijo? ¿Por qué lo busca en mi fregadero?
Tantas preguntas sin respuesta… Resulta que este bichejo es una especie de araña muy venenosa que han emparentado en primer grado de consanguinidad, con los alacranes. ¡Qué alegría mañanera! Mejor me voy a bañar y con eso me despejo. Nada más retirar la mampara de la ducha, lo veo, me da los buenos días con sus enormes ojos saltones, y su piel húmeda y viscosa, mientras infla y desinfla el buche. Cierro sin contestar y vuelvo a buscar a mi marido.
Aleeeee, ¡Qué asco, de verdad! ¡No puede ser! ¡Un enorme sapo en la regadera!
Será una rana.
A mi me enseñaron que se diferencian por el tamaño, y esto es un sapo. ¿Por dónde entró? ¡Sácalo por favor!
Lo que me preocupa no es el sapo, sino si su mamá también vendrá a buscarlo, por que si así es el hijo, yo no quiero que me presenten a la progenitora. Y ¿Por dónde entran? ¿O es que mi cuarto de baño ha desarrollado las óptimas condiciones para la cría de rana en cautividad? Si es así, déjenme un minuto para que llame a los franceses, esto es para ellos un paraíso culinario.
Me voy a la oficina a despejarme un rato. Mari está en la puerta tirando el agua de limpiar el suelo por una rejilla que hay justo en frente. Me paro en la puerta y observo el agua desechada, parece hervir. Pompas, pompas y más pompas salen de la mezcla. Me agacho ¿Qué es eso? Cuando el efecto del jabón se pasa, veo la causa del movimiento, no es agua lo que hay al fondo, es una sopa sólida. Rana sobre rana, intentando salir del desagüe para conquistar nuestros espacios. Decididamente esto va a acabar conmigo, no puedo, me muero de asco.
¿Por qué no engordas en México que estás más tranquila? –Me preguntan los que dejo al otro lado del charco.
Porque el asco me tapona la glotis.
¡Socorro! Y yo me quejaba en Sevilla por las cacas de perros que inundan los caminos. Adoro las cacas, son inertes y sólo las transportas a tu casa de forma voluntaria.
Pero ahí no acaba la cosa: Raquel me cuenta que limpiando ha encontrado en las habitaciones, cuatro madres de alacrán, y me surge una nueva pregunta ¿Cuántas madres tiene el alacrán de las narices? ¿Tienen que vivir todas conmigo?
Por la tarde, cuando los niños se levantan de la siesta, salimos a la terraza (porque están los perros y así no hay peligro de que salga Chabela) y vemos otro animalito en el césped que hay delante. Me alegra descubrirla, esta no va a correr, no se me va a subir por las piernas, no se me cagará en la encimera, no le picará a mis hijos, es una tortuga.
¡Mirad niños! Una tortuguita.
Lo de “ita” es un decir, mide casi 20 cm de diámetro, pero es inofensiva. Cuando nos estamos acercando para verla, aparece en el horizonte el coche de mi marido, que ya regresa del trabajo. Nos ve acercarnos a nuestra amiga, baja la ventanilla, saca la cabeza por el hueco y grita –NOOOOOOOOO.
Ay Ale, sólo es una tortuga.
¡Por eso! están llenas de bacterias, es muy peligroso que los niños la toquen.
Lo que me faltaba.
Pero tampoco quedó ahí la cosa, sino que para satisfacción de los entomólogos, con las lluvias, la tierra se abrió en enormes cráteres de los que salían infinitas formaciones militares de hormigas, pero no como las que yo conozco que buscan restos de comida y son inofensivas, estas tienen dientes, y muerden para inocularte el veneno.
Me monté en el coche, soñando con que la vieja Explorer me llevará a la seguridad de mi casa en Sevilla, y el pié del acelerador, me ardió, me quemó, me picó, me dolió: Dentro de la camioneta había un multitudinario nido de hormigas, que se ensañaron con mi pie, aprovechando la ventaja que le ofrecían mis sandalias.
Y digo yo, si nuestros antepasados manipularon voluntariamente los ciclos de la agricultura… ¿No podré hacer yo lo mismo con la dichosa cadena alimenticia?
El plan es el siguiente: divido a las ranas en dos grupos, las de dentro de la casa que se coman a todas aquellas madres en busca del desaparecido hijo, y las de fuera, los frutos de los hormigueros. Luego las invito a pasar al porche, me escondo dentro y le silbo a Chabela para que salga. Una vez haya dado buena cuenta de los batracios, le lanzo un dardo paralizante, y llamo a los perros, para que la despedacen como han hecho con el borrego, y con la pobre pava. Así todos contentos, pero para ello necesito aprender idiomas.
Así que, si alguna vez saben de mi muerte, no miren la causa en el parte de defunción, no pregunten, me he muerto de asco.


Posdata: ¿Alguien sabe dónde venden trajes espaciales con escafandras?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchas gracias por tu opinión.